Si tienes un bebé en casa es más que probable que las caries sean la menor de tus preocupaciones. Seguramente pienses que, como poco, te quedan tres o cuatro años para que este problema entre en tu lista de quebraderos de cabeza. Pero sentimos decirte que deberías de ponerte ya manos a la obra para prevenir que una caries se convierta en un mal que puede ser grave para la salud de tu pequeño.

Y es que la denominada “caries del biberón” o “caries rampante” es un tipo especial de caries, que produce los azúcares de la leche y otros líquidos, que afecta a los bebés en periodo de lactancia y que se extiende rápidamente. Además de los bebés lactantes, también puede afectar a los que son alimentados con biberón y puede aparecer en niños de hasta 4 o 5 años. Este tipo de caries provoca la desmineralización de la superficie dental y hasta la destrucción del diente, debido a que las bacterias se alimentan de los restos de azúcares que quedan en los dientes o encías. La exposición frecuente de los dientes del niño a líquidos que contienen azúcares, como la leche materna o de fórmula, los zumos de fruta, los refrescos y en general, las bebidas azucaradas, son la principal causa de este problema.

Detección temprana

La detección e intervención temprana es clave para evitar la caries del biberón. Así que te vamos a dar unas pistas para que puedas reconocerla cuanto antes y evitar así sus desastrosas consecuencias. Éstas van desde la pérdida de los dientes de leche a problemas en el habla o la masticación provocados por las ausencias dentales. Además, pueden producir un intenso dolor, infecciones, problemas auditivos, dientes permanentes torcidos y por tanto, una baja autoestima en el niño o el adolescente.

El síntoma más evidente es la aparición de manchas blancas en los dientes. Más tarde, estas manchas se van oscureciendo, volviéndose amarillentas o negruzcas.

La higiene bucal es la mejor prevención

Cuanto más largo sea el periodo en que estén las encías o los dientes sin limpiar, más tiempo les daremos a las bacterias para actuar y generar una caries. Así que la mejor manera de prevenir este mal es seguir una correcta higiene bucal:

  • No debes permitir que tu hijo se quede dormido con el biberón y mucho menos si este contiene líquidos azucarados (éstos no deberían administrarse nunca en biberón).
  • Evita dar el pecho de forma prolongada o que el bebé se quede dormido mientras toma el pecho.
  • No dejes que tu niño abuse del chupete.
  • Debes limpiar correctamente la tetina y otros juguetes al menos una vez al día y sustituirlos en cuanto detectes algún signo de desgaste, ya que las gomas acumulan muchos azúcares y restos alimenticios.
  • Deberías limpiar y masajear los dientes y las encías del bebé una vez al día, a ser posible antes de acostarse. Puedes hacerlo envolviendo un trozo de gasa humedecido alrededor de nuestro dedo con el que masajearás suavemente sus dientes y encías.
  • Comienza a cepillar los dientes del bebé para remover la placa, desde que aparezca el primer diente de leche.
  • Reduce el consumo de azúcares, especialmente entre comidas o a la hora de la siesta o la noche. Mientras el bebé duerme, el flujo de saliva disminuye y los líquidos azucarados permanecen en los dientes durante mucho más tiempo.
  • Sustituye cuanto antes el biberón por un vaso o una taza. Puedes empezar a enseñarle a beber en ellos entre los 6 o los 12 meses.

 

El odontólogo, tu mejor aliado

Pero si a pesar de seguir todos estos consejos crees que tu bebé podría tener una caries, acude rápidamente a Clínica Carolina López ya que, además de ser muy dolorosa, la caries en los lactantes tiene muy mala solución y debe ser tratada lo antes posible. Un diente de leche con caries puede afectar a la raíz del diente definitivo de forma irreversible. Por tanto, se deben empastar lo antes posible. Además, en los casos de mayor riesgo, tu odontólogo puede recomendarte baños de flúor. Una especie de escudo protector o barniz que evita que el ácido de las bacterias se introduzca dentro del diente y provoque una caries.

En cualquier caso, tengas o no sospecha de que tu bebé pudiera tener una caries, te recomendamos que le lleves al dentista entre los 6 u 8 meses. Puede parecerte demasiado temprana esta primera visita, pero permitirá observar la evolución de su dentición y ofrecerte las recomendaciones más oportunas para garantizar la salud bucal de tu pequeño.

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